Reunión de amigos, junto a la chimenea

Que alegría supone siempre estar junto a tus amistades. Momentos para no olvidar.
Poco a poco nos fuimos saciando, no solamente de comida.
Bueno es hora de verlos volar ¿no?.
Tanto yo como Antonio soltamos todo nuestro equipo. Mis amigos vieron grandes palomos

JUNTO A LA CHIMENEA

Son las diez y media de la noche y me encuentro con mis bulldogs, caniche y foxterrier en la calle, dándoles un corto paseo. Hace una buena noche, miro hacia arriba y contemplo, majestuoso, el castillo iluminado de mi pueblo. Cual gigante vigilase sus dominios allí estaba el que, cuando las luces lo adornan, se ve a kilómetros de distancia, el que, más de una vez me ha dejado anonadado, el que, en tardes de niebla aparece y desaparece cual fantasma, el que en fin, estoy seguro sirve de morada al que a veces me parece ver con su blanca chilaba de seda inmaculada y que en vida fundara la ciudad de Tetuán, último Alcaide de la fortaleza de Píñar, el inconformista Hasán Ali Al-Mandari.

Para mis adentros me congratulo con los que te volverán a ver mañana cuando nos visiten y aunque sus presentes llenen la mesa, traerán, no obstante, sus mochilas cargadas de ese escaso y anhelado bien cual es la AMISTAD.
Se me pone el vello de punta recordando, en esta plácida noche, el tiempo que hace que conozco a mis amigos Paco y Juan Carlos y la de ratos palomeros que hemos echado. Junto a mis inolvidables amigos también estarán, como no, mi amigo Antonio así como otro Antonio, al que conozco hace mucho tiempo y al que todo el mundo llama cariñosamente, Remolinos, no obstante, procuro utilizar su apodo lo menos posible, pues todos tenemos nuestro nombre, aun cuando a él nunca le ha importado que lo llamen de esa forma.

Después de encerrar a Tango, Chester, Lulú y Neli, ojito derecho de mi mujer, pasamos revista Dulce yo al avituallamiento.
Cerveza, en su lugar, la nevera, carne, panceta, chorizo, tocino ibérico, la innombrable, bacalao ajoarriero, refrescos, vino….todo en su sitio. Dulce Nombre, le comento a mi mujer, el ágape está dispuesto.

Preparando para comer

El sábado me levanto pronto, después de ver a Fernando Alonso como consigue, aunque con poca gasolina, la segunda plaza en la parrilla de China, comienzo con la limpieza de los que más ensucian, los perros, además de los cuatro que saco todas las noches, en esta, mi casa, convivimos con un Aski, una Teker de pelo duro y un anciano Pincher.
Limpiados pues, me dirijo a la zona de las nodrizas y entre maldición y maldición, ya que solo tengo en el plato, como alguien diría, tres pichones, les echo de comer.

¿Gastaré mis cuarenta anillas del Club?, no creo, me digo.
Tras un rato de observación y meditación, salgo a la calle y veo a Antonio y le comento: estos ya mismo están aquí, esperemos que haga un buen día.
El primero en llegar es Juan Carlos, esposa y sus dos hijos. Juan Carlos, los limones cojonudos y, el aceite de tu querida tierra ¿ qué decirte?.
Después de estar un poco a la vera de la lumbre, hacía un poco de fresco, se presentan mis amigos Antonio y su esposa Paqui, de Montejícar.
Tras las oportunas presentaciones y ver los blancos que este último regalara a Juan Carlos y ver lo poco que tengo, nos dirigimos al palomar de Antonio.

Ningún palomo en suelta, Antonio empezó a enseñar pichón tras pichón a cual de ellos más bonito, sobre todo los de la línea de Juan José Montero, a los que cuida con deleite.
Paco donde te metes, salimos ahora, me dice por teléfono.
Poco antes de las dos llega el doctor con su esposa y dos de sus vástagos, esta vez Anita fue de cumpleaños y no nos visitó.

Lo primero que hizo Paco fue pasar revista palomera, gustándole, como no, sobre todo los del amigo Antonio.
Bueno señores, les comento, tendremos que tomarnos algo ¿no?. Ni corto ni perezoso Paco grita: ¡al ataque!
En torno a la chimenea nos juntamos diecisiete amigos prestos a devorar lo que con tanto cariño habíamos preparado Dulce y yo.

Que alegría supone siempre estar junto a tus amistades. Momentos para no olvidar.
Poco a poco nos fuimos saciando, no solamente de comida.
Bueno es hora de verlos volar ¿no?.
Tanto yo como Antonio soltamos todo nuestro equipo. Mis amigos vieron grandes palomos ya que la calidad de los Jiennenses de Antonio está bastante por encima de la media, obtendrían sin problemas un notable alto.
Hora del café señores.
En torno nuevamente a la lumbre, continuamos con las charlas palomeras.
A mi pesar y sin quererlo la reunión iba tocando a su fin.
Nuevos amigos se conocieron, tiempos pretéritos se recordaron, risas y anécdotas surgieron, perros rompieron balones, Jiennenses volaron, pero, sobre todo, la amistad se volvió a regar.
Gracias amigos míos

Dedicado a ellas: María José, Paqui, Cloti, Mari Carmen y Dulce.
Enviado por:  Jose Antonio Zaldívar Martínez